viernes, agosto 18, 2006


(...) El viaje a través del Malecón tuvó más encanto que el primero. Eso tiene La Habana, mientras más la caminas, más la quieres. Nunca te aburres, más bella la encuentras, porque en cada ocasión te aguarda una aventura distinta, una seducción que te hace batido de mamey el corazón. Aunque se esté cayendo a pedazos, aunque muera de desengaños, La Habana siempre será La Habana. Y si la recorres en los libros escritos para ella, donde la ciudad aparece como una maga, si en lugar de andarla, como Eusebio Leal, el historiador, la acaricias como sonánbula destimbalada de sentimientos, en la duda y la deuda del exilio, con el tormento del imposible, que según Lezama Lima, o Lamama Mima, repito, reputa, es lo único que estimula, entonces se da uno cuenta que La Habana es la ciudad posible, todavía la del amor, a pesar del dolor. (...)
Zoé Valdés, Te dí la vida entera

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