sábado, agosto 26, 2006


(...) Yo seguía andando mi Habana, camina que te camina, bajo soles o temporales, y siempre iba a parar al Malecón, frente a mi azul mar mío. Esa masa vasta y gigantesca, salada, o dulzona y dolorosa, rugiente y amorosa, esa masa índiga de agua, tan buena a veces, tan dura otras. Tan parecida a una madre. (...)
Zoé Valdés, Te dí la vida entera

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