lunes, enero 05, 2009

El blog de esta mujer se llama Anhelo del pasado, es muy interesante. esta es otra historia de tantas que se viven, no en Palestina, sino en esas zonas del mundo que por mor del destino y las "hazañas" de los pueblos "civilizados" se encuentran hundidos en la miseria y desgarrador por la sinrazón de las guerras.

http://mvelascoramos.blogspot.com/

"Pedimos la evacuación hace un mes, pero España estaba dormida; han actuado demasiado tarde"

LOLA RODRÍGUEZ
SEVILLA. La sevillana María Velasco, residente con su familia en el sur de Gaza, asegura que pidió la evacuación al consulado español hace un mes y acusa al Gobierno español de no haber actuado a tiempo. Ahora, tras presenciar la salida de personas de otras nacionalidades, les dicen desde el consulado, que están esperando una respuesta de Israel.
María, natural del municipio de El Saucejo y casada con un palestino, vive en Gaza desde 1996 y es madre de tres hijos, dos de los cuales, de 23 y 2 años, están con ella «atrapados» en pleno núcleo del conflicto palestino- israelí. El pasado sábado protagonizó un intento de salida muy arriesgado, «porque nos llamaron del consulado para decirnos que podíamos salir». Después de «pagar mucho dinero, atravesamos la ciudad bajo los bombardeos y nos tuvimos que regresar porque nos negaron la salida en la frontera». Velasco narra que «el viernes pasado hubo una evacuación y todos los consulados, el ruso, el americano... se habían organizado. Pero a nosotros nos dijeron que saldríamos el domingo (ayer), y no ha sido así».
María, en conversación telefónica, clama indignada que «ahora nos dicen que estamos en una lista, ahora, después de más de un mes. Pero España estaba dormida, han actuado demasiado tarde. Enviamos la documentación el 1 de diciembre, y hasta el 15 no la remitieron a Israel, para pedir nuestros permisos de salida».
Sin alimentos
Esta mujer, que denuncia su situación a través de su blog en internet, «Anhelos del pasado«, asiste impotente al recrudecimiento de la situación y teme sobre todo por la vida de sus hijos «Nizar, de dos años, era muy alegre, pero ahora se pasa el día durmiendo. No puede salir a la calle, y tampoco puedo alimentarlo bien. Desde hace un mes no tenemos gas y hay apenas unas horas al día de luz. Tengo que darle el biberón frío a mi hijo. Y cada vez queda menos comida. La gente ha estado comprando mucho ante el peligro de la invasión y ahora las tiendas están cerradas. En casa sólo me queda mortadela y quesitos». «Al parecer hay otros españoles que se quieren quedar, por cuestiones materiales, casas, trabajo... pero a mi sólo me importa la vida de mis hijos».
En su desesperación, María asegura que si la situación continúa así «yo misma me iré a la frontera y que me maten si hace falta, pero no nos vamos a quedar aquí en casa agonizando. Gaza está irreconocible, destruida. Y esto sólo es el principio». «Pido a Israel que tenga consideración, porque nos han encarcelado aquí dentro, y nosotros tenemos los mismos derechos que los otros extranjeros que ya han sido evacuados a sus países».

jueves, noviembre 20, 2008

El Centro de Defensa de los Derechos Humanos de Açailandia (Brasil), ha organizado un espectáculo- denuncia, sobre la situación de esclavitud que aún padecen los indígenas. El 16 de diciembre estarán en el Lope de Vega de Sevilla, pero antes recorrerán varias ciudades de España... mejor os lo cuenta ella..

http://recuerdosdelquilombo.blogspot.com/2008/11/quilombagem.html

sábado, octubre 11, 2008

Hace unos meses salió este artículo en el número 0 de la revista chipionera Quince Magacine, que hace mi buen amigo Manolo, ayudado por algunos colaboradores que no hacemos lo suficiente, pese a que él nos deja participar en tan maravilloso proyecto. Hoy he decidido rescatarlo para rentabilizar un poco mis paridas y no dejar morir de tedio este humilde sitio, que me consta que algunos amigos visitan de vez en cuando para comprobar cada vez con más desgana que sigue sin ser actualizado.
Por ellos, por todos los que me honran con su amistad, valga este articulito...


LOS HILOS INVISIBLES

No recuerdo dónde leí o escuché algo sobre la teoría de los hilos invisibles, pero me gustó tanto el concepto que me lo quedé. Tampoco se si lo que yo pienso que son los hilos invisibles son o no lo realmente auténtico. Pero no me importa. Los hilos invisibles son vínculos indestructibles que unen a las personas. Aparentan ser frágiles y vulnerables y ahí reside precisamente su fuerza. En que parecen no existir, pero están ahí para toda la vida. Porque si no duran para toda la vida es que no eran tales. Los hilos invisibles unen siempre a los amigos verdaderos. Solamente. Los amigos verdaderos son los que eliges y aceptas conscientemente con lo bueno y con lo malo. La familia siempre te viene dada. Y los amores nunca suelen ser aceptados tal y como son. Por eso es extraño que duren para siempre. Un amigo de verdad puede defraudarte, pero nunca te traicionará ni se esconderá de nada. El amigo es tal cual y te acepta tal y como eres, con un amor incondicional que no tiene nada que ver con vínculos de sangre ni de supervivencia de la especie. El amigo de verdad puede estar años sin verte, pero no sin saber de ti. El amigo de verdad nunca te reprocha nada ni te exige nada. Por eso son el mejor bálsamo. Nunca te pide que hagas sacrificios por él ni que nunca le falles. Nunca espera que estés para siempre, sino que estés. El amigo de verdad nunca te dirá lo que deseas oír, sino la verdad. Y es el mejor maestro en una de las claves para vivir tranquilo: reírte de tí mismo. La otra es ser generoso, y a eso también te enseña.
El amigo de verdad nunca te vende, ni te compra. No te da lecciones ni te juzga ni te compadece ni te humilla porque tu dolor es también el suyo. Y a cambio, sólo te pedirá cosas sencillas, como que le preguntes como está, que le escuches, y que te tomes la última en la barra de un bar medio cerrado. El amigo de verdad nunca necesitará pedirte explicaciones por nada, porque siempre confiará en que tu también eres su amigo y que, por tanto, nunca le vas a traicionar. Por eso hay tan poquitos amigos de verdad. Aunque hay algunos afortunados que tienen más de uno y de dos, todos ellos unidos por unos hilos invisibles que no se ven, pero que nunca desaparecerán porque no están sujetos a contratos ni obligaciones, ni miedos ni necesidades infundadas. Los hilos invisibles no tienen tiempo ni distancia ni medias suelas. Por eso nunca se rompen.

jueves, enero 31, 2008

JUAN

Mientras me entretengo en borrar una a una las gotitas de rocío sobre un vaso de cubata abandonado, recuerdo casi de forma cronológica las distintas secuencias del día de tu boda y hago memoria para que no se me olvide el millón de veces que te ví sonreir ayer, anoche, hace unas horas. El relente de la mañana ha cubierto los restos de la fiesta con una capa helada y la apariencia espectral de mesas y sillas blancas me hacen pensar que todo ha sido un sueño… más tarde, café en mano, me privilegiaré saboreando los restos de la tarta nupcial y a pesar de que mis griposas papilas gustativas no me dejan disfrutar del manjar como quisiera, el desayuno me espabila el resto de los sentidos y comienzo a pensar en este escaramujo... A tí, Juan, que tantos perfiles has escrito, que tantas veces has presentado, entrevistado o reportajeado a personajes y personajillos, a políticos, artistas, gente de la calle, y faranduleros de acá y de allá en tus 20 años de periodismo, quiero decirte que habría que juntar ciento un mil corazones para comenzar a copiar la capacidad de amor y lealtad del tuyo. El tributo de tu amistad es una cadena interminable de demostraciones prácticas de que, como dice la canción, eres sin duda el más cierto en las horas inciertas. Tu sentido de la integridad y el respeto por tí mismo no te han hecho vacilar en tu madurez sobre quien eres y dónde quieres o debes estar en cada momento, sobre cómo hay que decir lo que se piensa en el momento adecuado y sobre cómo se puede estar bien con todos, o casi todos, sin venderse a nadie… bueno, a veces sí que te has vendido a un tal Mauro… Tu mente inquieta, tus sempiternas lecturas pendientes de libros o periódicos atrasados, tus constantes ganas de aprender… son cosas que ya no se llevan, como la sensibilidad y la ternura, pero que en tí parecen más de actualidad que nunca, sabiendo conjugar como nadie ese alimento para el alma con los placeres terrenales de 'los terciaditos'. Tu olfato periodístico, tus consejos, tu experiencia… me han enseñado a 'poner a macerar' declaraciones y titulares aunque no lo suficiente como para que no me sigas riñendo por los asuntos de la prensa, y también por otros atolladeros y preocupaciones que alivias en mi cabeza con más paciencia que el santo Job. Pero tu inefable sentido del humor me ha hecho reir tantas veces que hasta estoy aprendiendo a reírme de mí misma sin demasiados traumas y dejando las cosas sujetas al orden natural... Tu te has hecho a tí mismo contando con tus propios recursos y sin olvidar nunca a aquellos que te han tendido su mano, y tampoco a los que no lo han hecho, pero nunca escuché de tu boca una palabra de rencor o resentimiento por nadie. Y tantas cosas que ya no caben en esta columna… Amigo, ahora que te encuentras de luna de miel, quiero pedirte una sonrisa más cada día como las que vi dibujadas en tu cara ayer, mientras celebrábamos tu felicidad en el Reino Hitita… y que los dioses os rindan tributo muchos años… y run run chupeta!

viernes, noviembre 30, 2007

LA BUFANDA

La bufanda que tejía Magdala alcanzó unas dimensiones tan desproporcionadas como su propio sentido del dramatismo. Se había preparado a conciencia para afrontar el crudo invierno: brasero, abrigo, manta, jersey de cuello vuelto y gorro. La bufanda, sin embargo, continuaba a medio hacer, y fue tanto el tiempo que demoró su acabado, que el invierno la pilló desprevenida sin esa larga prenda. Magdala se perdió entre los caminos buscando un cuerpo al que abrigar... tanto, que se olvidó del suyo. No quiso pensar que la bufanda no tendría nunca un dueño programado, que nadie vendría a sacarla de los túneles ni a poner orden entre los paréntesis de sus esperas. Cansada de dar bandazos, la niña se sentó a los pies de su cama blanda y pensó en tomar de nuevo las agujas para rehacer la bufanda... que se ya se había hecho vieja antes de estrenarla. Pero no le importó, así que con premura y paciencia para deshacer los enredos de tantos colores en la lana, Magdala pudo abrigarse con su bufanda antes de que acabara el invierno, y fue dichosa mirando las puestas de luna en su pequeño paraíso. Como dijo aquel, la vida es eso que te pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Algo así les sucederá a los que, como hacía Magdala, dejan que el tiempo se escurra de entre los dedos sin más conciencia que la de los deseos incumplidos y los sueños frustrados. El tiempo da y quita la razón, moldea, hace y deshace, pero sólo a los que se hacen dueños de sus segundos, de sus minutos y, sobre todo, de cómo y con quien los comparte. Los destinatarios frustrados de bufandas nunca fueron tales, ni lo serán. Tan sólo el tiempo bien elegido y bien compartido colocará ante el temporal horizontes altos y claros. No se acabará la nostalgia, pero sí la tristeza. No se acabará el desamor, pero sí las malas pasiones. No se borrarán los malos recuerdos, pero nunca habrá lugar para el odio. No desaparecerá el rechazo, pero sí la mezquindad y los rencores. No se irán las pequeñas zozobras, pero nunca habrá desazón en el alma.

jueves, septiembre 20, 2007

LOS AMARILLOS

La ciudad me despide con una agradable bruma amenazante de lluvia. Viejos edificios de color teja y albero, de cornisas grisáceas y frontones con relojes que parecen detenidos en el tiempo, como la imagen misma del señor canoso y desafeitado que, cabeza gacha, dormita en uno de los bancos de la estación. Esta metrópoli late con el pulso de su propio ritmo. Bullicios y atascos en horas punta y prisas consentidas, aunque sólo cuando no queda más remedio. El resto del tiempo, quietud y veladores. En esta ciudad te encuentras a tu gente por las calles y buscas un lugar para tomar café, caminando entre árboles centenarios que levantan rebeldes sus raíces, oliendo a asfalto y río. Nunca dejará de ser un gran patio de vecinos, un gran barrio, un pueblo grande y orgulloso de sí mismo, consciente de sus encantos sutiles en las callejas blancas y silenciosas. Calles blancas, a pesar de que ahora me encuentro con las aceras invadidas por un horroroso carril bici, que no por práctico y necesario y sostenible y todo lo que ustedes quieran, deja de ser horroroso. Que me perdonen los ecosocialistas, pero no me imagino las calles de Chipiona con esas pistas de un verde infame, con esos monigotes pintados en blanco, como en un juego de playmobil... La perspectiva de regresar a Chipiona siempre me alivia de esta repentina nostalgia en el abandono de mi hogar hispalense que suele cogerme desprevenida. Dicen que la cabra tira al monte, pero una ya se siente demasiado mareada como para saber pa donde tira. Llego a la rotonda grande y ahí está él, enhiesto y firme. Cuando estoy lejos, Chipiona se me antoja como un pequeño juguete de cristal que se fuera a romper y desaparecer de un momento a otro. Y que, cuando regrese, ya no estará ahí para recibirme como una gran madre, a veces tan dulce, y a veces tan cruel. El Faro me arranca el suspiro de la tranquilidad, al comprobar que al menos él sigue estando en su lugar. Cuando todo esté revuelto y desordenado, siempre habrá cosas que estarán siempre en su lugar como bálsamos para las almas inquietas. Todo pasará: las noticias, las modas, los negocios, los intereses, las penas y las glorias, y por supuesto, nosotros mismos. Lo único que permanece es la tierra y el recuerdo. Cuando ya no estemos aquí, no importará demasiado. Más bien, no importará nada. El Faro, como el sol y la luna, seguirán arrojando luz, la tierra seguirá girando, y detrás de un día, llegará otro, y después otro… y otro… por eso es bueno pararse a respirar y mirar las hojitas que se mueven con los primeros soplidos del imperio otoñal…

jueves, septiembre 13, 2007

LA ESCALERA

En marzo de 1990, el cantautor cubano Silvio Rodríguez ofreció un concierto en el Estadio Nacional de Santiago de Chile. Acudieron 80.000 personas. Y allí, en un momento del recital, después de una canción, cuando aquellas 80.000 gargantas totalmente entregadas coreaban su nombre, el trovador, que por entonces contaba con 43 años, dijo lo siguiente: quien ve esto, puede correr el riesgo de sentirse importante… eso es tremendo… eso de sentirse importante… hace tiempo yo escribí una canción sobre eso, sobre la gente que se podía sentir importante. Es una canción muy sencilla, una anécdota sobre quien pueda… no se… envanecerse o algo así y no darse cuenta de dónde salimos todos y a dónde todos tenemos que regresar inevitablemente. La canción en cuestión se llama La escalera, pero lo que siempre me impresiona cuando escucho el concierto son las palabras tranquilas de un hombre sencillo, que lejos de dorar la píldora al desaforado aforo del Nacional chileno, se abstrae de los aplausos y se para a reflexionar sobre lo terrible que es el hecho de sentirse importante y entre líneas, expresa su propia temeridad de caer en esta trampa al verse adorado por una multitud de nada menos que 80.000 cabecitas. Y es que es tan sencillo acostumbrarse a las manos que palmean tu espalda, que a veces las personas pierden su propia conciencia y, poniendo su humildad por delante, no la practican, sino que la pregonan, como si así dejaran realmente constancia de ella. Entonces sucede que dejas de escuchar las voces críticas de los demás y en tus oídos se plantan dos filtros que sólo traspasan las falsas alabanzas, porque las verdaderas suelen ser dichas también por los de las críticas, que terminan aburriéndose de hablarle a la pared. Después de eso viene, como dice Silvio, el envanecimiento, y después la prepotencia y la soberbia, a la que siguen la estrechez de miras y la intolerancia… hasta terminar en la pérdida del respeto por los demás y, a la postre, la soledad... porque el globo termina desinflándose cuando menos te lo esperas... Y todos estos inconvenientes que para el alma humana acarrea eso de sentirse importante, normalmente, no suelen provocarlo ni el éxito en la vida ni la admiración de los demás. Todo esto suele ser provocado por el poder. Por eso me quedo con Silvio, aunque algunos mentecatos digan que tiene la voz estridente. Quien fuera cabecita entre la multitud un 26 de julio. O mejor, una gotita de rocío.